Adrián Bago: «Me interesa la neurosis y la destrucción de las aspiraciones, creo que es el sino de nuestro tiempo.»

Adrián Bago, autor de Sicofante y de Bibelots (publicados por Autsaider), creció leyendo tebeos y ya de niño, desde los 4 ó 5 años, recreaba y grapaba sus propios tebeos sobre las tortugas ninja y otros héroes que le fascinaban. Con Bibelots, curiosamente, se ha reconciliado con aquel niño y ha vuelto a publicar en grapa. Es un enamorado de lo retro que dice estar obsoleto, pero no es pose, es más bien un modo de vida, un respeto, un amor y cariño al trabajo artístico bien hecho. Nos recibió en su estudio de Alicante y nos mostró páginas inéditas de su último trabajo.

«Me considero heredero de ese formato más popular que leíamos en formato revista, como el Víbora, y no tanto de la solemnidad de la novela gráfica».

Sobre sus inicios, confesó que abandonó su idea de estudiar Arquitectura cuando en torno a los 15 años se comenzó a presentar a varios concursos de cómic y ganó algunos de ellos y, al ver que se le daba bien, se decidió por estudiar Bellas Artes. Y muy joven, a los 18 años, comenzó a trabajar en el mundo del cómic, pues colaboraba con la revista pornográfica Kiss (que editaba el Víbora) desde los 18 a los 21. «En el Kiss es donde aprendo a hacer cómic. Aunque fuera porno, aprendes a tener que entregar todos los meses 7 páginas y que tengan cierta gracia. En realidad, aunque fuera porno, es como hacer cómic de cualquier otro género, bueno, menos porque necesitas menos trabajo de documentación que por ejemplo en el Western, ya que a partir de la segunda página ya no llevan ropa». También publicó en varias revistas norteamericanas, probó suerte también en el sector editorial al montar con un amigo Inefable Tebeos, con el propósito de publicar tanto obra suya como de otros autores, y recibieron algún premio incluso, pero el negocio no era rentable y decidieron centrarse en ilustrar. En la actualidad, se gana la vida como ilustrador aunque sigue publicando tebeos, pues forma parte de su identidad: «Para mí el cómic es un discurso autoral, o solo me dedico a ello si me sale algo muy jugoso.»

Sobre su proceso de creación es curioso cómo la historia, el guion, cobra protagonismo y para ello se inspira más en novelistas que en historietistas. De hecho, sigue un proceso muy similar a la corriente de pensamiento. Nos desvela que su novela gráfica, Sicofante, «es una especie de falsa autobiografía. Sicofante era un tebeo muy terapéutico, por entonces yo trabajaba de comercial. Está escrito rollo muy proustiano, tenía mi plan, pero si me venía una vivencia, la incluía. Me interesaba una narración viva, no tanto presentación, nudo y desenlace. Me interesa cómo escriben Marsé, Proust, Joyce… si me acuerdo de algo, lo meto en el tebeo. Por ejemplo, me contaban que cuando era bebé y escuchaba a Paula Abdul me levantaba de la cuna y me ponía a bailar. No sé si es cierto, pero eso me contaban y me parece tan potente que lo meto en la historia. En general, mis tebeos tienen más influencia de novela que de cómic.»

También se siente muy influido por el cine, pero no por el cine de hoy, sino por el del siglo veinte, en especial «me gusta Antonioni, el cine italiano de los años 30 a los 80, también el cine yankie, películas Taxi driver, en donde no sabes muy bien hacia dónde va la historia. Me gusta que la experiencia de lectura sea equívoca, desde el desprecio a que te guste. Pero cuando una obra genera cierta antipatía en el lector, tiene mérito. La cultura es algo más serio que solo el entretenimiento.

Me interesa la neurosis y la destrucción de las aspiraciones, creo que es el sino de nuestro tiempo. Toda la vida se basa en ir destruyendo pequeños sueños hasta que ya solo ves Netflix, que es la derrota. Si la vida me ha dado eso, al menos lo quiero plasmar y darle un componente estético. Si a la gente le interesan los singles, a mí me gustan las caras b, esas canciones que nunca nadie ha escuchado. Estoy en contra del discurso del esfuerzo y del éxito. Nos transmiten la gran falacia de que todos empezamos desde la misma línea, y es absurdo, si cuando naces tu padre tiene un banco, tus oportunidades no van a ser las mismas. La realidad es que esto es una jungla donde cada uno hace lo que puede. Me interesa la contradicción, la gente con componentes artísticos pero que fracasan o bien porque son mediocres, o demasiado prosaicos, o porque es mala persona y rastrero. No creo que haya que contar solo lo bueno de una historia. Por eso me interesa el neorrealismo italiano, porque para hacer algo veraz hay que contarlo todo.»

En realidad, en su arte y su persona, todo acaba teniendo un sentido, una coherencia, incluso en esas contradicciones que le seducen y que plasma. Incluso al ser preguntado cuál sería la bando sonora de Sicofante, lo tiene muy claro y responde que sonaría música de 091 y de la Banda trapera del río «me gustan esas bandas que tienen barro en los pantalones».

La coherencia de su arte la vemos también en su manera de trabajar, pues no utiliza tabletas gráficas ni color digital, trabaja a mano precisamente porque le gusta la imperfección, «siempre con la plumilla hay un concepto de aleatoriedad. Lo digital está tan limpio y perfecto que me echa de la lectura. Lo mismo me pasa con la rotulación. Yo me rotulo a mano. Creo que es parte del trabajo del dibujante.»

Adrián Bago convive en una coherente armónica paradoja conjugando sus dos facetas, la de ilustrador y la de historietista. Por un lado, tiene su sustento económico como ilustrador haciendo portadas de discos, ilustraciones para revistas, incluso científicas, retratos, y todo tipo de encargos, carteles para conciertos, portadas de novelas… «Soy un obrero gráfico. El concepto romántico del artista no lo comparto, hago de todo.» Aunque eso sí, conserva siempre su forma artesanal de trabajar, a mano. Precisamente, preguntado sobre las inteligencias artificiales que dibujan por encargo, piensa que a ellas van a acudir sobre todo los malos clientes. «Esos clientes chungos sin imaginación, que no valoran tu trabajo y te ponen problemas y no tienen ni idea, esos irán a las IAs. En cambio, creo que quien valora un buen acabado y un trabajo profesional va a seguir confiando en las personas. He visto por ejemplo un cómic hecho con una IA y no es un narrador, no es más que un collage de imágenes.» Por el otro lado, su discurso artístico aparece en el cómic y ha encontrado la horma de su zapato con la editorial Autsaider, «han tomado el relevo de lo que hacía la Cúpula. Sacan 8 tebeos al año y los sacan con mucho mimo. Lo bueno es que es un sello de calidad, como pasaba antes con las buenas discográficas.»

Adrián Bago se resiste a que desaparezca este mundo cultural con el que creció pero lo cierto es que todo está cambiando y es difícil competir con las nuevas formas de ocio. Bago explica que, a diferencia de los que sucede en otros países cercanos como Francia o Italia, «en España no hay nada de inversión pública para incentivar la lectura y a los artistas gráficos. Aquí funcionaba muy bien la revista el Jueves, pero también está lanzando cada vez menos ejemplares, claro, si hasta los periódicos desaparecen. Creo que para fomentar la lectura en España habría que ver lo que se hace en Francia y en otros países donde sí se lee mucho, pero es que aquí se lee muy poco. Me parece que se lee una media de 4 libros al año por persona. En la sociedad actual, de constante sobreestimulación, me parece complicado fomentar la lectura, que es un momento de suspensión de estímulos, cuando tienes el móvil vibrando a cada momento. Todo es muy exagerado, es como si viviéramos en un casting barato. Los jóvenes ven vídeos en tik tok sobre gente reaccionando a otros vídeos, eso significa que hasta te dicen cómo te debes sentir cuando ves algo. El concepto de disco se ha perdido, solo se oyen canciones sueltas, la cultura se ha amoldado a lo que quieres y estamos todo el rato consumiendo. En este estado de sobreexcitación permanente le prestamos muy poco valor a la cultura, se ha convertido en entretenimiento… y si la cultura se convierte en entretenimiento, hemos perdido, es el triunfo del consumismo. Si la pintura es solo decoración, es la derrota del arte.»

Por A. Fuentegrís

En Alicante, Octubre 2022

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